Asumir la responsabilidad de nuestra vida cristiana

En sus críticas, algunos oponentes de los testigos de Jehová a menudo se apresuran a clasificarlos como una “secta” y a decir que les han “lavado el cerebro”. Una cosa que todos debemos reconocer es nuestra parte de responsabilidad personal al aceptar nuestros errores. No podemos eximirnos completamente de la responsabilidad de nuestras decisiones, incluso si la información incorrecta contribuyó a esa decisión. Siempre hay razones personales para haber aceptado pasivamente declaraciones o ideas que tenían poco o ningún fundamento. Como declaró Charles Primrose en una obra de 1766 de Oliver Goldsmith, titulada El vicario de Wakefield:

“El error no está en aceptar la evidencia que vemos, sino en estar cegados a muchas pruebas [adicionales, y posiblemente contrarias] que se nos presentan. Como un juez corrupto en un tribunal, determinamos que algo es correcto en función de la parte de la evidencia que estamos dispuestos a escuchar, pero no nos tomamos el tiempo para escuchar toda la evidencia. Así, aunque nuestras opiniones erróneas sean involuntarias cuando se forman, ya que hemos sido voluntariamente deshonestos, o muy negligentes en el proceso de formarlas, merecemos el castigo por nuestro error, o el desprecio por nuestra insensatez”. [Traducción libre].

Aunque muchas personas que han sido testigos de Jehová en el pasado ahora han llegado a la conclusión de que de hecho estaban siguiendo ideas que se originaban únicamente en la imaginación de otros hombres, todavía tenían sus razones personales para sentirse influenciadas por esas ideas. Quizás analizar nuestros pensamientos y motivaciones desde este punto de vista es el procedimiento más beneficioso, ya que brinda la mejor esperanza de evitar circunstancias similares más adelante en nuestras vidas. En su libro, The Road Less Traveled , el psiquiatra M. Scott Peck hizo las siguientes observaciones:

“Siempre que tratamos de evitar asumir la responsabilidad de nuestro propio comportamiento, lo hacemos intentando transferir esa responsabilidad a algún otro individuo, organización o entidad. Pero eso significa que le estamos dando nuestro poder a esta entidad, ya sea el “destino”, la “sociedad”, el gobierno, la empresa o nuestro jefe. Por eso Erich Fromm tituló tan acertadamente su estudio del nazismo y el autoritarismo como Escape de la libertad (Escape from Freedom, en el original inglés). En un intento por evitar el dolor de la responsabilidad, millones e incluso miles de millones de personas intentan diariamente escapar de la libertad …”

La Dra. Hilde Bruch, en el prefacio de su libro Learning Psychotherapy, dice que prácticamente todos los pacientes acuden a los psiquiatras con “un problema común: la sensación de impotencia, miedo y la convicción íntima de no poder ‘afrontar’ y cambiar las cosas”. Una de las causas de este “sentimiento de desamparo” en la mayoría de los pacientes es algún deseo de escapar, total o parcialmente, del dolor de la libertad y, por tanto, alguna incapacidad, total o parcial, de asumir la responsabilidad de sus problemas y de su vida. Se sienten impotentes porque en realidad han renunciado a su poder. Tarde o temprano, si quieren sanar, deben aprender que la totalidad de la vida adulta de una persona constituye una serie de elecciones y decisiones personales. Si pueden aceptar plenamente este hecho, se convertirán en personas libres. Hasta que acepten eso, siempre se verán a sí mismos como víctimas.

Si bien el adoctrinamiento es un factor que lleva a la gente a creer en las afirmaciones de una organización religiosa o en la “línea” del partido político, otro factor igualmente fuerte es el deseo de creer. A veces, lo que es falso parece más atractivo que lo que es verdadero, aunque la apariencia es tanto superficial como engañosa. Muchos testigos de Jehová de todo el mundo que estaban en la organización en la década de 1970 estaban firmemente convencidos de que el “sistema de cosas” llegaría a su fin en octubre de 1975, y esto contribuyó a una serie de decisiones que tomaron en sus vidas, como posponer cirugías, interrumpir estudios, renunciar al empleo, etc. Si bien algunos Testigos depositaron una gran confianza en esa fecha, no todos depositaron la misma confianza. Estos Testigos leyeron las mismas revistas y escuchaban los mismos discursos haciendo hincapié en esta fecha, y sin embargo no se vieron afectados de la misma manera. Personalmente me sentí obligado a dar discursos en las que di razones en contra de poner tal confianza en una fecha.

Cuando, por la razón que sea, preferimos decididamente un cierto proceder que en realidad puede no ser lo mejor para nuestros intereses, podemos racionalizar todas las señales que deberían mostrarnos el resultado indeseable hacia el cual nos dirigimos. En cierto modo, Hebreos 3:13 presenta una idea comparable a esta, cuando habla de ser endurecido por el “engaño del pecado”, (“seducido por el pecado”, Biblia de Jerusalén). Yo creí el error, pero en muchos casos fue porque el error tenía atractivo y cedí a esa atracción. Esto no excusa a los propagadores del error, pero tampoco me libera de mi propia responsabilidad. Una situación como la descrita en Juan 12:42-43 ocurre con muchos:

“Sin embargo, muchos, aun de los gobernantes, creyeron en Él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más el reconocimiento de los hombres que el reconocimiento de Dios” (La Biblia de las Américas)

Por supuesto, había y hay elementos de verdad en la enseñanza de la Watchtower y sin duda fueron esos elementos los que inicialmente nos atrajeron a ella, apelando a nuestros corazones. Solo con el tiempo nos dimos cuenta de hasta qué punto estas preciosas verdades fueron eclipsadas, disminuidas, e incluso dañadas, por otras enseñanzas falsas.

Una vez más, la responsabilidad no se puede atribuir a un solo nivel en una organización o sistema. Adolf Hitler y sus oficiales superiores nunca podrían haber hecho lo que hicieron sin el apoyo de otros oficiales y la mayoría del pueblo alemán. La implementación efectiva de las políticas de la Watchtower descansa principalmente sobre los hombros de los ancianos de la congregación. Cuando un hombre acepta su asignación como anciano en una congregación, está, en efecto, aceptando la responsabilidad de apoyar y defender las políticas y las enseñanzas que están en vigor. Lo han hecho cuando las diversas políticas de expulsión y las enseñanzas engañosas ya estaban en vigor. Algunos ancianos se han manifestado en contra, pero la evidencia es que son comparativamente pocos. Muchos de los que se han dado cuenta de los defectos han preferido permanecer en silencio.

La separación de una gran organización y de los antiguos asociados puede, de hecho, producir un período de soledad. Pero parece que incluso esto puede tener sus aspectos beneficiosos. Puede hacernos conscientes, más que nunca, de la necesidad de tener plena confianza en nuestro Padre Celestial, que sólo en Él podemos tener una seguridad genuina y la confianza de su cuidado. Ya no se trata de simplemente “seguir a la multitud”, sino de desarrollar una íntima fuerza personal, adquirida por la fe, de crecer hasta dejar de ser niños y convertirnos en hombres y mujeres adultos, un crecimiento logrado a través de nuestro desarrollo en el amor por el Hijo de Dios y la forma de vida que él ejemplificó. (Efesios 4: 13-16) Podemos encontrar gran consuelo en las palabras de Pablo en Romanos 8:28 (La Traducción del Nuevo Mundo cambió el significado de este texto, insertando la palabra “su” en la expresión “todas sus obras”, pero esta no es la forma en que se traduce el texto en el griego original). Según varias traducciones, el apóstol Pablo dijo:

 “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.” – La Biblia de las Américas – énfasis agregado

No sólo en las “obras” sino en “todas las cosas” o “todo”, Dios es capaz de transformar cualquier circunstancia, aunque sea dolorosa o, en algunos casos, incluso trágica, para el bien de quienes lo aman. En algún momento, podemos encontrar esto difícil de creer, pero si nos volvemos a Él con plena fe y permitimos Su acción, Él puede y hará que esto sea el resultado. Él puede hacernos mejores personas porque hemos vivido la experiencia, enriqueciéndonos, a pesar del dolor que hayamos sufrido. El tiempo demostrará que esto es así y que la esperanza puede darnos valor para continuar, confiando en su amor.

Sin embargo, debemos evitar esperar que Dios nos proporcione lo que no nos ha prometido. Si vamos a esperar que Él nos saque de una organización que falsamente afirma tener todas las respuestas y que impone una falsa unidad entre sus miembros – obligándolos a profesar tener “una sola mente” en asuntos de doctrina o de lo contrario sufrir la desaprobación o incluso la expulsión de la organización y los compañeros -, y luego llevarnos a otra organización que realmente tenga todas las respuestas y en la que todos están completamente de acuerdo en todos los temas, no estaremos enfrentando la realidad. Si uno simplemente lee las cartas que Pablo escribió en el primer siglo, es evidente que no todas las personas en las congregaciones a las que escribió veían los asuntos de la misma manera. La parábola de Jesús sobre el “trigo” y la “mala hierba” muestra que cualquiera que espere encontrar una organización “ideal” compuesta totalmente por cristianos genuinos y que enseñe sólo la verdad está buscando algo que sencillamente no existe.

Interesante son las palabras de cierta carta, enviada a una persona que se estaba cuestionando sobre el tema en discusión aquí:

“Me pregunto si realmente piensa que está complaciendo a Jehová el asociarlo a una organización humana que se originó a finales del siglo XIX, de modo que todos los pensamientos acerca de Él y todas las actitudes y sentimientos hacia Él, deben estar inseparablemente ligados a esa organización religiosa. Si la organización Watchtower no resulta ser el canal exclusivo de Dios, como afirma ¿eso haría que el Dios en el que ha confiado durante la mayor parte de su vida desaparezca repentinamente de la escena? ¿Están su bondad y amor y otras cualidades inseparablemente ligadas a algún sistema religioso? ¿Qué justificación hay en la Biblia para poner esta restricción a Dios, limitándolo a un contexto específico de esta manera? ¿Qué razón tenemos, como expresó un erudito bíblico, de “poner a Dios en una caja”? Que la organización Watchtower hace todo lo posible para construir esta idea en la mente de sus seguidores es un hecho, pero ¿lo hizo Cristo o los apóstoles? Si Dios abandona la escena cuando una persona cambia su perspectiva en relación con un sistema religioso, sea cual sea, entonces es evidente que esa persona estaba viendo a Dios a través de “lentes especiales”, y no directamente, como lo hacían sus siervos a través de los tiempos. (Compare esto con Job 42:5, Salmo 11:7; 2 Corintios 3:12-18) Cualquier sentimiento de “pérdida de referencia” se debe a una distorsión religiosa previa, y no por enfrentarse a los hechos y la realidad.

Huelga decir que las preguntas que surjan deben ser resueltas en última instancia por cada persona, individualmente. Nadie puede dar convicción a otros. También es evidente que nuestras experiencias previas y el contexto personal de cada uno de nosotros inevitablemente tienen un efecto en nuestro punto de vista y tienden a desviarlo. Entonces, sea cual sea el problema al que nos enfrentamos, un paso inicial es tratar de averiguar dónde la influencia del pasado puede estar impidiendo que veamos los problemas con claridad. Si no hacemos esto, seguirá existiendo alguna distorsión de la imagen.

La fe y la voluntad no se excluyen mutuamente. Ninguno de nosotros puede seguir caminando en la fe sin una fuerte voluntad y determinación. Ninguna de las personas presentadas como ejemplos de fe en los relatos bíblicos tenía una determinación débil (Compare esto con Hebreos 11:32-40). Sin embargo, todos creían que hay una fuente de poder más grande que la voluntad humana y recurrieron a esa fuente, cuando la voluntad humana parecía fallar, y así pudieron ir más allá de las limitaciones de la voluntad humana. Estaban dispuestos a enfrentar el rechazo, el aislamiento e incluso a vagar por desiertos y montañas y vivir en pozos y cuevas, confiando en la ayuda y el poder de Dios. Desde el momento en que reconocemos que la vida cristiana es un camino espiritual, una peregrinación, y que todas las dificultades pueden resultar en nuestro bien, solo entonces podremos continuar este camino con paz mental y serenidad de corazón. – Hebreos 12:3-13.

La madurez espiritual es como la madurez física, mental y emocional. Todas requieren tiempo y no se pueden apresurar. De la misma forma que un padre no presionaría a su hijo más allá de lo que es bueno y razonable para su edad, a fin de lograr una maduración más rápida, tampoco uno debería presionarse a sí mismo. Simplemente leyendo las Escrituras cristianas y centrándose, no en un análisis e interpretación palabra por palabra, sino en el mensaje básico y la importancia de la información, puede ayudar a liberar la mente de conceptos artificiales y proporcionar una nueva perspectiva. Y nadie debería sentirse obligado a usar solo una versión específica de la Biblia (como la Traducción del Nuevo Mundo, por ejemplo). En el caso de algunas personas, es posible que esto ni siquiera sea recomendable. No porque esta versión sea inferior a las demás, o que tenga alguna deficiencia grave, lo que la haría indigna de lectura. El problema es que es muy difícil para una persona leerla sin estar libre del bagaje mental del pasado. El uso de otra buena versión de la Biblia elimina este problema y permite a la persona concentrarse en el mensaje, sin dejarse influir por conceptos sectarios. El punto final por transmitir es que lo que sobre todo necesitamos es leer y tomar a pecho las palabras del Hijo de Dios y de sus apóstoles, todas encontradas en las Escrituras.

También son pertinentes las declaraciones que se encuentran en el libro The Myth of Certainty (en inglés), del profesor Daniel Taylor:

“El principal objetivo de todas las instituciones y subculturas es la autoconservación. Preservar la fe es fundamental en el plan de Dios para la historia humana; preservar instituciones religiosas particulares no lo es. No se debe esperar que quienes dirigen las instituciones sean sensibles a esta diferencia. Dios no necesita una persona, iglesia, credo, denominación u organización en particular para cumplir su propósito. Se servirá de aquellos que, en toda su diversidad, estén dispuestos a ser utilizados, pero dejará para sí mismos a los que trabajan para sus propios fines.

Sin embargo, cuestionar a las instituciones es, para muchos, sinónimo de atacar a Dios, algo que no se tolerará por mucho tiempo. Se supone que protegen a Dios. . . Pero en realidad, se están protegiendo a sí mismos, a su visión del mundo y a su sentido de seguridad. La institución religiosa le ha dado un significado a la vida, un sentido de propósito y, en algunos casos, carreras. Cualquiera que sea visto como una amenaza para estas cosas es una amenaza real…

Esta amenaza a menudo se enfrenta, o se suprime incluso antes de que surja, mediante el uso del poder… Las instituciones muestran su poder más claramente dictando, interpretando y haciendo cumplir las reglas de la subcultura”.

Una vez que averigüemos la verdad de esto dentro de la organización de los testigos de Jehová, estaremos completamente en posición de darnos cuenta de cuán cierto es en otros círculos religiosos alrededor del mundo.

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Traducido y adaptado del artículo originalmente titulado “¿Lavado de cerebro?”

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